España es uno de los países más duramente golpeados por la crisis económica europea. Gracias a una tóxica combinación de billones de euros en malos créditos proporcionados por los bancos españoles y una burbuja inmobiliaria que explotó de manera espectacular en 2007, su economía hace frente ahora a múltiples desafíos simultáneos para cumplir con las estructuras monetarias de la Unión Europea.

 

Se estima que existen 1.5 millones de viviendas vacías colonizando el paisaje, construidas a toda prisa por los promotores para sacar el máximo partido de los créditos baratos y las favorables leyes de suelo. Estadios de fútbol, estaciones de tren, aeropuertos abandonados y ciudades enteras a medio construir que ahora son ocupadas o expoliadas para extraer de ellas los materiales de construcción en bruto. Paralelamente, los datos de desempleo se han disparado hasta tal punto que, en algunas zonas especialmente del sur, las ciudades experimentan cifras de paro de hasta el 40%. La tasa de desempleo juvenil del país ha llegado al 50% en junio de 2012. En esta esquina del mundo civilizado, el impacto de la crisis económica europea provoca a veces situaciones surrealistas donde la gente está sobreviviendo con una mano delante y otra detrás en las propias ruinas de esta utopía urbana fallida.

 

02 — 08 — 2013