Llama a la puerta del vecino y no le pidas sal. Dile que por la noche pone la tele muy alta, que se escuchan los gritos de los famosos mientras tú intentas hablar por teléfono con tu madre, que es a la hora a la que están allí despiertos.

Crúzate en el ascensor con tu vecino y no le preguntes si ya pasó el camión de la basura. Dale al botón de Stop y confiésale que odias ver a su hija subir con la bici, que si no es demasiado pequeña para eso, que tu Manuel no tiene, que sin trabajo cómo puede pagar esas cosas, que te machaca la envidia.

Haz cola en la pescadería con tu vecino y no le preguntes con qué hace el sofrito de la caballa. Dile que te explique si se siente culpable por aquel coche, aquel crédito, aquella tele de plasma. Enséñale la foto de tu pueblo y cuéntale cómo de pequeños con una botella de lejía vacía se jugaba a cualquier cosa.

Sal a la ventana del patio a tender con tu vecino y no hables de si Torres o Villa. Cuéntale que la semana que viene ya no estarás, que te echan, que tu Manuel ya está con otra familia por lo que pueda pasar. Dile que te enseñe otra vez la foto del chalet aquel que pagó y nunca terminaron. Cálmale.

Llama a la puerta de tu vecino y no le pidas sal. Pídele que baje al portal, que ya llegan. Que se agarre fuerte. Dile que sientes mucho lo de su casa y lo de la envidia. Que se agarre fuerte, que no pasan. Dile que no tiene por qué disculparse por aquel comentario racista. Que se agarre fuerte, que no hay miedo. Dile que has conocido a más gente que está como tú y más gente que está como él. Que se agarre muy fuerte, que sois muchos. Que ya se van.

Ábrele la puerta a tu vecino y que pase. Pregúntale qué tal los moratones, que si le duele el brazo, dile que qué fuerza, que gracias, que mañana vuelve tu Manuel, que si ha conocido ya al resto. Mírale a los ojos, ábrele una cerveza y que te diga si de verdad no cree que vamos a salir de esta.

 

02 — 08 — 2013