En estos tiempos, ser madre es algo demasiado banal. El embarazo y la maternidad –dice nuestra sociedad progresista- son casi sinónimo de esclavitud, de un estado incómodo del que debes huir lo más rápido posible para volver a tu vida de placeres individuales. La maternidad es el ciclo de la vida repitiéndose constantemente, obvio, trivial y, al mismo tiempo, horrible. Pero también es, todavía, lo más importante de la vida.