La Gran Depresión de los años treinta fue mucho más que un crack financiero. Durante cinco años, los campos de Estados Unidos fueron azotados por terribles tormentas de polvo (el “Dust Bowl”) que desertificaron lo que antes había sido terreno fértil y obligaron a los campesinos a migrar masivamente. Unos 40.000 aparceros negros se trasladaron a California, pero a diferencia de los blancos -los “okies” de John Steinbeck en Viñas de ira, los de las fotos de Dorothea Lange-, su historia es prácticamente desconocida. Los pocos que aún quedan malviven en comunidades remotas, donde no queda más que fantasmas y viento.