Por Oriana Eliçabe y Alejandra Cukar

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A estas alturas, Javier Bauluz (Asturias, España, 1960) bien podría conformarse con ser una leyenda viva del fotoperiodismo. El hombre se ha ganado su premio Pulitzer (en 1995), ha publicado en lo más top del mundillo mediático (New York Times, Washington Post, The Independent, Der Spiegel, El País, Newsweek, Time, GEO…) y tiene un par de libros con su nombre. Pero no. Él no está para bajar la guardia. Sabedor de que el periodismo (el de los grandes y tradicionales medios de comunicación) ya no es lo que era, ha decidido volver a las raíces, y hacerlo muy desde abajo. Después de fundar una productora independiente –Piraván-, está embarcado en algo tan sencillo como revolucionario: un nuevo medio de información (periodismohumano.com) que intentará la proeza de realizar, producir y distribuir periodismo profesional bajo el enfoque de derechos humanos a través de una red global de periodistas y organizaciones sociales, y todo a través de la web.

 

En 7.7 hemos entrevistado a fotoperiodistas con diferentes perfiles, pero tu caso es peculiar: te dedicas a la fotografía, pero sueles hablar más de periodismo que de fotos. ¿Eres fotógrafo, periodista, fotorreportero…?

¿Cómo os cuento yo todo esto? Empecé en el periodismo con la fotografía y he ido ampliando el campo a lo largo de los años, haciendo no sólo fotografía, sino texto, vídeo, audio, formatos multimedia, etc., porque considero que en periodismo se puede contar de muchas formas, y creo que debemos usar el multiformato para contar las cosas. Las tecnologías han variado tanto en los últimos años, que ahora podemos contar cosas en formatos que antes eran imposibles a menos que dispusieras de un montón de dinero.

¿Es insuficiente, hoy por hoy, ser sólo periodista o sólo fotógrafo?

No digo que sea ni mejor ni peor, digo que se pueden usar todos estos medios que antes no estaban a nuestro alcance para contar las historias. En algunas puede ser más importante el formato fotografía, porque la imagen fija sigue teniendo una fuerza que el vídeo o incluso la palabra no pueden tener, pero si tienes una buena imagen en movimiento con un buen sonido, a veces explica mejor la historia. Si podemos incluso hacer con vídeo, con texto, con audio y con fotografía un mismo producto que nos cuente mejor y con más profundidad esa historia que queremos contar, ¿dónde está lo malo de eso?

En ninguna parte. Supongo que la cuestión sigue siendo la misma de siempre: qué contenidos elegimos contar, más allá de los medios con que lo hagamos.

Efectivamente, creo que lo importante es el contenido, no la forma en que se cuente.

Da la sensación de que en paralelo a la explosión de medios tecnológicos y a la facilidad en su acceso, que hace más fácil producir información, se da el fenómeno de que los medios de comunicación producen contenidos que tienen cada vez menor calidad y profundidad. ¿Compartes esta visión?

No sólo la comparto, sino que la grito. Ese es el problema: en un mundo donde las comunicaciones son más fáciles y las tecnologías facilitan la comunicación y la creación de contenidos, la calidad de la información periodística es cada vez más baja. Baja a unos niveles que a mí me espanta.

¿Por qué crees que pasó esto?

Porque en algún punto de la historia reciente los medios de comunicación tradicionales (MCT) perdieron el norte del barco. Y en vez de tener como prioridad la información, ahora el objetivo ha pasado a ser el ánimo de lucro, es decir, ganar dinero. Esa es la principal función de las empresas de información hoy en día. Han pasado a ser intereses económicos y políticos los que manejan la mayoría de los MCT. Si la información no se piensa como servicio público al ciudadano, que es a quien se debe, sino que está al servicio de intereses económicos -sean propios o ajenos-, tenemos el resultado que tenemos. Pero también es un reflejo muy claro: en esta sociedad estamos, supuestamente, en una gran crisis económica, que sencillamente está producida por lo mismo: todo vale con tal de ganar dinero. Da lo mismo quiénes mueran, lo que estafen, lo que engañen: el principal objetivo del Monopoly del capitalismo es ganar dinero.

Y ese es el objetivo de las empresas de medios, que no dejan de ser empresas…

Las empresas de información son exactamente iguales a todas las empresas en este mundo: lo principal es ganar dinero, caiga quien caiga. Si te saltas todas las cuestiones éticas, de principios, de cuál es la función ética y social del periodismo, si el periodismo deja de ser el intermediario entre los poderes y los ciudadanos, y se va a comer con los poderes, pues la información que pueden recibir los de abajo no tiene nada que ver con la realidad. Si a eso le sumas que el enfoque que tienen es sobre espectáculo y entretenimiento porque eso es lo que da audiencia, y por lo tanto publicidad, y por lo tanto dinero, pues es basura en un 90%.

Quizás no debería sorprendernos la actitud de las empresas. ¿Deberíamos pensar entonces en la responsabilidad de los periodistas y los fotógrafos que han sido funcionales a esas empresas, y de los lectores que han permitido que esto siguiera adelante?

Siempre ha habido empresas y empresas. Tú puedes ir a una carnicería y comprar carne buena, o encontrarte con un carnicero que te empieza a estafar y te engaña con la etiqueta, o con la procedencia, o te da carne podrida. Evidentemente, el problema no es la empresa, sino que las empresas están dando gato por liebre. Y está la culpa de los ciudadanos, de no exigir una mayor calidad de producto, sea de carne, de pescado o de periodismo. Y los periodistas se quedan o están en una especie de trampa porque se deben a quien les paga, porque comen de eso, y están muy mal las cosas como para quedarse sin trabajo, y fuera de eso no hay espacios en los que puedan comer y hacer un periodismo más libre, más ético o como le queramos llamar.

Para no caer en una contradicción ética, ¿los recursos de fotógrafos y periodistas deberían provenir del sector público, de empresas, de particulares? ¿Cuáles serían los recursos que deberíamos encontrar para autofinanciarnos y ejercer un periodismo más ético?

Cuando lo sepas, me avisas (risas). No puedo seguir confiando en que los medios tradicionales vayan a cambiar, por lo menos de momento, y vayan a dedicarse a hacer periodismo y de calidad humana. Entonces, si queremos hacer otro periodismo, ¿de dónde sacamos el dinero? De tu tía, de tu panadero, de tu sobrina, de una organización social, de una empresa privada, de una institución pública, de donde sea. Lo único importante es que tiene que ser dinero ético, limpio, que no sea producto de haber explotado a los niños haciendo zapatillas de lujo en Tailandia, por ejemplo. Y que luego eso no te coma la independencia como periodista para contar una historia.

¿De dónde provienen los recursos para los reportajes que publica P+DH?

De lo que te digo. Bienvenido sea todo el apoyo económico de quien piense que un periodismo humano y de calidad es justo y necesario para esta sociedad. Igual que es necesario para algunos ciudadanos que siga habiendo ballenas y se hacen socios de Greenpeace, los que quieran que haya un periodismo de calidad humana, que se hagan socios y apoyen económicamente para que esto funcione, porque si no hay el apoyo de la sociedad, esto podrá ser una aventura que se quede en el camino por falta de apoyo social. Lo que sí tenemos que tener es una diversidad de fuentes que garantice de alguna forma que aunque a alguien no le guste lo que haces, no te pueda condicionar la independencia o no te vayas a hundir porque te quite el apoyo.

Decías que es imposible que los medios masivos cambien el enfoque que tienen…

Imposible no, pero lo veo complicado…

Entonces, quizás se debería buscar la vía para que la gente empiece a exigir una información de más calidad, y que en ese caso pase a ser negocio producir contenidos menos banales. Si no, estamos en la misma: hacemos medios alternativos que producen una información diferente, pero la gente sigue comprando El País y viendo Telecinco. Si no logramos que el público demande otro tipo de información, no va a ser negocio para nadie, y será insostenible. ¿La clave puede estar en empezar a educar al público?

Claro, pero necesitamos tener los medios para educarlos, si no seguirán educándose con los medios que tienen los otros… Tenemos que contar con nuestras propias fuerzas y apoyos que podamos buscar en la sociedad. Es tan sencillo y tan complicado como eso. Yo paso de seguir esperando. A mí no me gusta estar todo el día quejándome y diciendo “qué mal está todo”, ni esperar a que nadie me llame o me contrate. Creo que debemos buscar las fórmulas reales y posibles, que son muchas, porque sí creo que hay mucha gente que demanda este periodismo.

También pasa que los medios menos convencionales, como el que estás armando (p+dh), no tienen tanta audiencia como los medios tradicionales. ¿Puede ser que la gente no esté interesada en ver otras opciones, que haya una especie de círculo vicioso?

Evidentemente hay mucha gente que prefiere seguir viendo sólo fútbol y sólo espectáculos y cosas basura, pero no vamos a ser los responsables de todo el mundo. Haremos lo que podamos hacer. Si uno tiene vocación, es periodista y quiere hacer buen periodismo, tiene la obligación moral de intentarlo. Hoy no nos valen las excusas. Cualquier periodista puede montar su propio medio de comunicación en internet y emitir. Precisamente por eso creo que estamos en un momento histórico, en el que los periodistas debemos recuperar el control de nuestro oficio, debemos recuperar la función social del periodismo. Ahora podemos, tecnológicamente, ser independientes, cosa que hasta hace cuatro días, no.

Hablabas de la fotografía artística y la grieta. Salgado fue criticado, en su momento, por su “estetización de la pobreza”. Y ahora son muchos los que abusan del photoshop, como por ejemplo el caso del fotógrafo que ganó el Picture of the Year a quien le quitaron el premio por el retoque que había hecho. ¿Cómo ves esta tendencia de la sobreestetización en el fotoperiodismo?

Si no importa nada más que el resultado final y el resultado económico, si todo vale, hasta manipular, engañar y manipular las fotos, bueno… Pero el photoshop no es nuevo, Stalin manejaba el photoshop de entonces, con un experto en laboratorio que hacía aparecer o desaparecer gente en la foto, por ejemplo. No es una cosa nueva, el problema es el mismo: es la ética, la calidad humana de quien está haciendo ese fotoperiodismo. No es una cuestión sólo de fotografía, ni es una cuestión nueva: si no hay ética, si no hay principios básicos de decir la verdad, y nos vamos solamente a la estética y al ánimo de lucro, es un desastre. A mí me parece maravilloso que la gente haga foto artística, pero no es lo mismo que fotoperiodismo. Me da lo mismo, por eso no entro en el planteamiento que haces. Si yo te digo que determinada cosa es verdad, y es mentira, soy un mentiroso, no importa que sea fotoperiodista, artista, lo que sea.

Cuando ganaste, hace casi 15 años, el premio Pulitzer, ¿te ayudó a definir qué querías hacer, qué noticias cubrir y de qué temas hablar?

Eso lo tenía decidido desde pequeñito…

¿Te ayudó a que te dejaran hacerlo?

A mí nadie me ha dejado hacer porque siempre he hecho lo que he querido. He sido independiente durante toda mi vida profesional y eso tiene sus desventajas, como que no tienes un cheque a fin de mes, ni una seguridad, pero tienes la libertad de, con cuatro duros, irte a donde quieras, con tu cámara, e intentar contar qué pasa allí. No es una excusa eso de que te dejen o no te dejen…

El término adecuado quizá no era “que te dejen” sino “que te escuchen”: ¿el premio te dio más repercusión?

Esa es la única maravillosa ventaja de los premios: que te dejan decir barbaridades como las que estoy diciendo ahora, y que hasta te las publican.

¿Qué más te dio?

Bueno, ahora soy más alto, más guapo, y mis fotos, que antes eran en blanco y negro, ahora se convirtieron en color (risas). No, sólo eso: te permite tener más voz.

¿La fotografía puede funcionar, entonces, como una herramienta de transformación social, o esto es una utopía?

Yo le añadiría -como el tabaco-: “puede” ser una herramienta de transformación social.

¿De qué depende?

De tantas cosas… de cómo sea la fotografía, de cómo expreses lo que expresas o de qué es, el momento en que se produce, el contexto histórico, muchas cosas. No cualquier fotografía es una herramienta de transformación social.

Hoy por hoy, casi cualquiera tiene una cámara de fotos, lo que por un lado puede ayudar a que cada uno pueda contar su propia realidad en imágenes, pero por otro contribuye al descrédito del trabajo del fotoperiodista.

Parto de la base de que los periodistas tenemos que tener nuestro papel en nuestra sociedad. El periodismo es una profesión, es un oficio, y me parece maravilloso que las comunicaciones y las herramientas tecnológicas permitan a cualquier ciudadano aportar información sobre lo que sea. Me parece excelente. Creo que en vez de verlo como enemigo, tenemos que verlo como una oportunidad de tener muchas más fuentes de información para contar las cosas, que son las producidas por los ciudadanos. Tenemos que pensar que no sólo nosotros podemos dar información. Por ejemplo, a lo mejor tú no estás en Irán, donde no hay periodistas porque los llevan presos o porque los echan, pero la gente está haciendo vídeos de lo que está pasando. Pero sí hay que –y quizás sea parte del nuevo oficio del periodismo- ser editores de esas informaciones: contrastarlas, darles el punto de credibilidad que pueden necesitar, saber de dónde vienen, de quién, comprobar que esas historias son ciertas, cosa que a veces es muy complicado hacer. Tú puedes tener muchas informaciones pero no sabes si creértelas o no, porque no sabes quién te las está enviando.

Una de las reglas del periodismo, en teoría, es la objetividad. Pero tu planteamiento está dentro de la subjetividad, ya que además de periodista eres un activista social. ¿Cómo se maneja eso?

Yo no creo en esa objetividad, no creo en la imparcialidad tal como se practica y como se habla de ella. Creo en la veracidad y en la honestidad. No creo que uno deba ser objetivo o imparcial. Esa falsa objetividad y esa falsa imparcialidad han producido miles o millones de víctimas a lo largo de la historia de la humanidad. Y yo, desde luego, paso. Por eso queremos hacer un periodismo bajo el enfoque ético de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Y los derechos humanos significan algo muy amplio: no es sólo el tema de las torturas de Guantánamo. Si quiero ser un periodista creíble, desde el enfoque de los derechos humanos tengo que ser veraz y honesto, no puedo hacer propaganda de un lado ni de otro; puedo tener un ángulo y un punto de vista desde ese enfoque de derechos humanos que ya va a tamizar bastante el tema.