China vive el crecimiento económico más rápido de la historia, un crecimiento que sería imposible sin la mano de obra barata y las pésimas condiciones laborales. La fuerte demanda de trabajadores en las zonas industrializadas produce unos resultados devastadores sobre lo que era hasta hoy el puntal y orgullo de la sociedad china: las zonas rurales. La separación de las familias, el abandono de las pequeñas villas y el absentismo en las escuelas son algunas de las consecuencias de este cambio de modelo económico y social.