La puerta de entrada a Europa ya no está sólo en España o Italia. Los controles han desplazado el flujo migratorio hacia la frontera greco-turca. Pero Grecia, en medio de la crisis, no quiere saber nada de los recién llegados. Los migrantes intentan escapar de Grecia y se dirigen a las ciudades portuarias de Patras e Igoumenitsa, donde cada día se juegan la vida intentando esconderse en un camión rumbo a Italia.