El empleo doméstico es una instancia laboral única, en la que empleador y empleada conviven bajo un mismo techo y donde inevitablemente circula el afecto. La empleada, la chica, la chacha, debe transitar por este supuesto segundo hogar, cumpliendo roles que escapan a su función primitiva. Ella deviene madre, hija, amiga, hermana, abuela, pero con el cuidado de no creérsela del todo; al fin y cabo, es un trabajo. “Familia y Doméstica” se desplaza entre dos de los universos de la empleada: el de su familia laboral y el de su propia familia. Ese gesto de detener el transcurrir diario pone en escena lo que siempre se está moviendo, y cuestiona esa aparente normalidad.