China cambia cada día. Desde que se inició la apertura, hace tres décadas, las ciudades viven un ritmo frenético de construcción; tanto, que parecen intentar alcanzar al resto del mundo. Los ciudadanos, los trabajadores… se tienen que adaptar a un lugar donde la economía ha desbancado a la cultura. No importa si estos cambios son buenos, malos: sus vidas ya no son las de antes.