por Alejandra Cukar y Edu Ponces

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Chien-Chi Chang entra en la categoría de fotógrafo tímido. Es un Magnum, pero se pone incómodo en las conferencias, se ríe, es capaz de contestar tonterías a preguntas serias y necesita varias copas de vino blanco para enfrentarse a un periodista. Sí, Chien-Chi Chang es tímido. Lo bueno es que no necesita ni dar conferencias ni hacer entrevistas: sus fotos son más que suficientes para obviar las palabras. Hay que verlas: Chien-Chi Chang fotografía con amabilidad, respeto y compasión. Con timidez, quizás. Y le da resultado. Hay sinergia entre él y los sujetos –las parejas por conveniencia, los enfermos mentales encadenados, los miembros de la mafia china-, porque le fascinan las relaciones humanas y sabe cómo retratarlas, siempre en esa delgada línea que bordea el documentalismo, el fotoperiodismo y el arte.

 

 

¿Cómo definirías tu trabajo? ¿Es periodístico o artístico?

No me gusta ponerle etiquetas a mis trabajos. Es como vino tinto o vino blanco: es vino. En la oscuridad, todos los vinos saben igual. Creo que es importante explorar diferentes vías de expresión, usando la fotografía como lenguaje.

 

Vamos a simplificar la pregunta: ¿por qué fotografías? ¿cuál es la función de tu fotografía?

Mantener a mi esposa (risas).

 

¿Cómo es tu relación con el fotoperiodismo?

Empecé trabajando para el periódico de la universidad, y luego trabajé para el Seattle Times y para el Baltimore Sun, en Estados Unidos. Fue un acercamiento al fotoperiodismo duro. Pero nunca me resultó suficiente. No soy del tipo de fotógrafo que puede salir, hacer dos o tres encargos rápidos, volver y publicarlos. No es algo con lo que me sienta cómodo, aunque la verdad es que fue un buen entrenamiento.

Incluso cuando trabajaba para periódicos, ya estaba buscando mis propios proyectos. Y fue uno de esos proyectos personales lo que presenté a Magnum en 1995. De alguna manera, mi fotografía siempre se movió en esa línea borrosa que separa el fotoperiodismo y la fotografía documental, y quizás un poco a la fotografía artística. Pero está siempre en esa línea borrosa.

 

Me refiero específicamente a tu trabajo en Chinatown: tu trabajo es de crítica social. ¿Eso es parte de la intención de tu proyecto?

No es cuestión de ser crítico. Estar en Chinatown es una experiencia que siempre quise tener. Entre 1996 y 1998, fue publicado tres veces. El problema con las publicaciones es que tienden a tener un foco, una agenda, y hasta cierto punto me puedo ocupar de eso, pero tengo una obligación para conmigo. Por eso he estado fotografiando Chinatown durante tanto tiempo.

 

¿Cómo empezó ese proyecto?

Al principio, sólo fotografiaba inmigrantes en Chinatown. Pero la forma en que lo hice –que es como lo sigo haciendo- tiene que ver con estar, con pasar tiempo, con la gente que fotografío. Para mí, tiene sentido hacerlo de esa manera porque es la única manera en que puedo acercarme a ellos. Y ellos sienten curiosidad sobre quién soy yo, también. Luego obtuve una pequeña beca, gracias a Dios, y la usé para volver a China, de donde ellos vienen. De hecho, contacté con un hombre en Nueva York y con su esposa en el sur de China… Y he estado con al menos 20 familias. Muchos de los hombres no habían visto a sus esposas por 20 años, pero yo las he visto varias veces (risas). Vale, ver, pero no tocar (más risas).

 

Decías que tienes una motivación personal en tus trabajos. Esa necesidad, ¿tiene que ver con una necesidad personal, o con una necesidad de mostrar una realidad, en el sentido periodístico?

Lo siento, todo es personal. Depende de cómo lo veas, pero…

 

¿La comunicación no es importante?

Es importante, pero siempre trato de hacerlo de una forma personal. Eso es todo.

 

Los temas que tocas en “Chinatown”, “I do, I do, I do”, y “The Chain” no son comunes. Son temas controversiales. ¿Por qué los elegiste?

Parte de mí está aún intentando responder a esa pregunta. Siempre me he sentido atraído por ese tipo de temas. En parte, tiene que ver con mis experiencias personales, mi familia, etc. Pero me parece que es más que eso, y todavía no tengo una respuesta. También por eso me siento más motivado a seguir buscando respuestas en otros proyectos.

 

¿Cómo es trabajar para Magmun?

En realidad, no trabajo para Magnum.

 

¿Entonces, cuál es tu relación con la agencia?

Magnum debería trabajar para mí (risas). No quiero sonar pretencioso porque es una agencia que pertenece a los fotógrafos, así que los fotógrafos son, de hecho, sus dueños. La agencia, para funcionar, todavía necesita un staff que se ocupe de las diferentes cosas, en cada departamento. Volviendo a tu pregunta… soy libre, pero no tan libre como creo.

 

¿Por qué no?

Bueno, puedes preguntárselo a mi esposa (risas). Soy libre porque puedo decir no. Si hay algo con lo que no me siento cómodo, digo que no. A veces, puede incluso ser por razones morales. Por ejemplo, creo que no podría hacer un trabajo para el Ejército de EEUU o algo así. No siento que sea para mí.

 

¿Te han pedido que hicieras eso?

No, pero estuvo cerca.

 

¿Qué te pidieron?

Que hiciera un anuncio o algo así. Los fotógrafos somos los dueños de Magnum, por lo tanto, podemos tomar nuestras propias decisiones. Podemos decir sí o no. Pero luego, todos tenemos que pagar la renta. No soy tan libre como me gustaría serlo.

 

¿Magnum te deja elegir tus propios proyectos?

Por supuesto. “I do I do I do” es mi proyecto. Los tres libros son proyectos personales, y de hecho los comencé con el apoyo de Magnum. Por supuesto, todos intentamos buscar la forma de continuar nuestros proyectos. Entre 1993 y 1998, fui allí unas 20 veces. A veces me quedaba un par de días, a veces un par de meses. Mientras tanto, tomaba encargos de diferentes revistas. Tengo que llevar adelante diez proyectos al mismo tiempo. Si voy a Taiwán, voy a ir a la ciudad de Ho Chi Min, quedaré para ver a un par de las parejas de “Hapiness”, quizás iré a China, intentaré ir a Corea del Sur… Y luego es como “mierda, hoy tengo que pagar la renta”.

 

¿Cuántas mujeres están Magnum?

Cinco, creo.

 

¿Por qué son tan pocas? ¿Es complicado para una mujer entrar en Magnum?

Es una cuestión de portfolios, no de géneros.

 

¿Entre la gente que aplica, hay la misma cantidad de hombres que de mujeres?

No lo sé. Lo primero que miramos son las fotos. Es posible que más fotógrafos que fotógrafas envíen su trabajo para entrar en Magnum, pero cada año es distinto. Recuerdo un año en que tuvimos cinco mujeres “nominees”, incluyendo una de Argentina. Cada año es diferente.

 

¿Es como un club de hombres?

No, no lo pondría en esos términos. Pienso que, idealmente, todo debería reducirse al trabajo. Pero siempre las personalidades se inmiscuyen. De todas maneras, si el trabajo no es lo suficientemente bueno, hombre o mujer, gay, lo que sea… miramos el trabajo antes que nada.

 

Eso significa que el trabajo de las mujeres no es lo suficientemente bueno…

No, no. Hemos intentado específicamente buscar fotógrafas, así como fotógrafos de diferentes orígenes, pero cada año, cuando llega el visionado de portfolios en cada oficina que Magnum tiene en el mundo, cuando se hace el visionado final de todos los miembros… todo se reduce al trabajo. Simplemente sucede que a menudo el trabajo más fuerte está hecho por fotógrafos masculinos. Hay fotógrafas muy buenas, pero…

 

En 7.7 hemos entrevistado a Maya Goded. Ella comenzó el proceso para pasar de “nominee” a “asociado”, pero decidió abandonarlo porque era demasiado duro. Cuéntanos por qué es tan difícil ese proceso.

Es difícil, es verdad. Hay varias etapas: de miembro “nominee”, a “asociado”, a miembro pleno… Para ser “nominee”, se necesita el 50% de los votos de los miembros, y luego, cuando estás dentro, de “nominee” a “asociado”, necesitas 2/3 de los votos, el 66,6%. Luego, para pasar a miembro pleno, necesitas el 66,6% de los votos. Normalmente, la parte más difícil es pasar de “nominee” a “asociado”. Es muy, muy difícil.

 

¿Por qué? ¿Es una cuestión política? ¿Tienes que convencer a cada fotógrafo?

Todo es una cuestión de “P”: fotografía (en inglés, photography), personalidad y política, por supuesto. Está en todas partes. Donde sea que haya gente, habrá política.

 

¿Es por eso que es tan difícil entrar a Magnum?

Pero no es solo el aspecto político de todo esto. Creo que buena parte del proceso es observar los aspectos fotográficos del trabajo. Cada vez que tenemos un fotógrafo nuevo, ese fotógrafo debe sumar algo a la agencia. No queremos otro fotógrafo que sea sólo otro fotógrafo.

 

Agradecemos a Jessica Murray de Al-liquindoi por su colaboración.