Alcanzar la azotea es como estar más cerca del cielo, dominar la ciudad con la mirada y sentirse único. Es el escenario ideal para el azote amoroso o recurso propio para la sentencia popular “Siento pasos en la azotea”. En el techo, por supuesto, también se comparte el chisme, el cigarro y los sueños. Este trabajo explora un territorio que puebla el lugar de los recuerdos de infancia, pero que también tiene otros usos, algunos más prosaicos, y otros más oníricos.